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Gastón Badii:
Geologías del oficio
Siempre fue algo muy cotidiano, el estar desde muy chico en mis vacaciones en el taller. El reconocer materiales empezó por estar ahí, cerca del oficio, de las herramientas, del material. Se dió muy sin saberlo. Creo que era inevitable que la marmolería no fuera parte de mi vida. Con el tiempo me involucré más en el archivo de mi familia, y me dediqué a estudiar y observar ese legado con detalle.
¿Qué saberes recibiste de las generaciones anteriores y cuáles tuviste que revisar, o volver a aprender?
Saberes, todos. El oficio se fue perdiendo con el paso del tiempo. Estudiar ese archivo fue lo que me llevó a volver a revisar detalles, volver a revisar materiales que se dejaron de usar. Creo que es un aprendizaje constante. Ver si realmente lo que era de boca en boca se transmitió sin tener un escrito, o una fórmula correcta.
¿Cómo influye el tiempo mineral en tu trabajo? Pensar que la piedra contiene un tiempo muy anterior a cualquier intervención humana.
Sí, es un factor muy, muy impresionante que la piedra tenga miles de miles de años y la intervención del hombre sea apenas un segundo en esa escala. Es algo muy puntual en mi obra entender cómo envejece esa piedra después de que se elabora y cómo jugar con esa aceleración del envejecimiento. Creo que es hermoso verlo en el cementerio, o en las ciudades europeas que son todas de piedra… Poder ver ese envejecimiento. Las patologías de las ciudades y las plantas, cómo crecen en esas placas de mármol.
¿Qué aparece primero? ¿El conocimiento del bloque, de la piedra, del material o una acción sobre el material, el modo en que vas a intervenir?
Creo que es importantísimo, en cualquier práctica, entender el material antes de diseñar. Entender qué virtudes tiene, qué defectos, qué zonas son más frágiles, más duras y en base a eso poder diseñar las piezas. Qué piezas se adaptan a ese material, cuáles no.
¿La erosión forma parte de tu investigación ¿Cómo trasladás esos procesos a la escala de una pieza?
Creo que es una investigación que nunca mostré, o de la que mostré muy poco. Tengo muchas piedras recogidas en distintos lugares del mundo. De Argentina, de la playa, del Sur y me interesa cómo se erosionan por el paso del tiempo, el clima, la rotación y demás. Es algo que está muy presente, si bien no sé si hay una pieza mía que se pueda asociar a esa búsqueda todavía.
¿Qué posibilidades encontrás en las formas de producción disponibles que tenemos acá, en Argentina?
No quiero levantar la bandera de la industria nacional por el mero hecho de levantarla, pero creo que es muy sabio, en cualquier oficio, entender el contexto donde se está ejecutando para entender las herramientas y así, el material. Siempre vuelvo a dos fotos del archivo de mi familia, una es del taller de mi abuelo en Italia y la otra, del taller de mi bisabuelo en Argentina, cuando apenas se mudaron. Lo único que cambia de esas fotos es el material. En Italia se trabajaba el bloque macizo, siempre para arte funerario. Lo increíble es entender que en Argentina se trabajaba la placa a través del facetado, generando volúmenes. Era justo una época en la que había un cambio tecnológico importante, se puede ver el pabellón de Barcelona de Mies. Es un claro ejemplo de que el mármol se empieza a meter de otra forma en la arquitectura. El contexto es algo que siempre hay que tener en cuenta, porque hace que el oficio se pueda trasladar a cualquier parte del mundo.
¿Cómo imaginás la continuidad de un oficio que heredaste frente a las tecnologías y condiciones actuales de producción?
Nunca lo imaginaría aislado de todo el contexto que tiene. Al oficio lo define cómo se viste quien labura, las herramientas y el material que usa, cómo se refiere a determinadas cosas, incluso lo que come. Volviendo al archivo, al ver esas dos fotos de italianos que vinieron, y notar que no se diferencian mucho, me hace pensar que ese es el oficio. Mantener todo eso, casi cien años después, como una copia que se repite en el tiempo. Esa es la manera en la que hay que poder transmitir el oficio y seguir haciéndolo crecer.
Rescatando la tradición.
Claro.
¿Qué encontró tu práctica en el Kavanagh que dio origen a la propuesta desarrollada para este proyecto? Podés contarnos, si querés, acerca de tu pieza.
A principio de año trabajé en el Archivo de la Ciudad de Buenos Aires. Justo estaba revisando muchos planos Art Decó de casas que se demolieron. Está bueno poder levantar la bandera de nuevo, desde el diseño contemporáneo. En vez de simplemente quejarnos de que se está cayendo y se está demoliendo, podemos hacer algo más.
Creo que la lámpara para el Proyecto Kavanagh tiene algo de contemporáneo-nuevo en la modulación de su tipología, propia del Art Déco. Puede ser porque la luz se transmite a través de un mármol muy fino, y el mármol es lo que genera la luz. Como no es sintético, tiene muchos, muchos tamices dentro de la piedra. La pieza también tiene algo del vitraux y de la repetición. La idea rectora del proyecto salió de un cementerio, que en la entrada tiene cuatro figuras que se repiten y lo único que envuelve a la figura es un velo (lo que vendría a ser la lámpara). La parte central es algo duro, recto y modulado. Ahí me permití jugar un poco con esto del estaño, que pasa a ser una fundición y no una soldadura. Empiezo a jugar con el error, genero una textura que rompe con el mármol, que es un poco más pulcro, más pulido. Juega con lo que hablamos de lo temporal, porque el mármol en un momento fue fluido y se solidifico. Esto también es un fluido que se solidifica.
¿Podemos saber qué cementerio?
El de Luján.
11/08/2026
15:30 HRS
Crédito de fotos:
Emma Livingston
Gastón Badii es diseñador e investigador material. Su práctica se construye desde una relación directa con la piedra, el oficio familiar y una herencia ligada al mármol desde hace cinco generaciones. Desde una mirada situada, artesanal e investigativa, desarrolla proyectos que cruzan diseño, patrimonio y materialidad, con especial interés en los procesos lentos de observación, registro y transformación de materiales de descarte.