Celina Saubidet y Marina Molinelli Wells:
Anatomías del Habitar



¿Cómo surgió el encuentro entre escultura, diseño y anatomía que dio origen a Cabinet Óseo? 
C.S. Empezó hace veinte años. Yo hice una muestra de escultura donde le modelaba a distintas mujeres parte de su estructura ósea sobre el cuerpo. La muestra consistía en esas piezas y fotos tamaño natural de las mujeres desnudas vestidas con sus propios huesos. Ahí se me ocurrió la idea de la ornamentación basada en la propia naturaleza. Como manejaba otras escalas, le pedí a Marina (la conocía por otro lado; ella ya trabajaba en joyería haciendo cosas geométricas que no tenían que ver con la anatomía) si me podía ayudar a desarrollar una colección de joyas basadas en los huesos. Ahí empezó nuestra relación y nos entusiasmamos un montón. Hicimos la primera colección y no tuvimos mucho éxito, a nadie le interesó. Lo bueno de eso fue que nos dimos cuenta de que trabajamos muy bien juntas.

M.M.W. La conocí a Celi que era artista. Yo todavía estaba en la carrera de Diseño Industrial y me gustaban mucho los oficios. Entre todos los que estudié, la joyería es donde más me quedé a partir del pedido de Celi que, originalmente, no eran joyas sino unos huesos de las manos. Me acuerdo que me dio una fotocopia de un libro de anatomía con una mano y yo lo tallé teniendo en cuenta la mía. 
También tenemos en común que ambos de nuestros padres eran médicos; una infancia llena de horas de hospital, mucha anatomía y cuerpo humano cerca. Un poco a partir de eso, nació en mí la fascinación por todo lo que tenía que ver con el cuerpo humano. Esas piezas que terminaron montadas como parte de la muestra de las esculturas de Celi fueron la piedra iniciática y, a partir de ahí, nos dimos cuenta que nos divertíamos, que nos llevábamos bien y nos entusiasmaba la idea de seguir haciendo cosas juntas. Nació lo que en principio se llamó Joyería, que después de muchos años devino en Cabinet Óseo. 



¿Cuentan en el cuerpo humano como territorio para imaginar, entonces, los objetos, las joyas, inclusive las instalaciones?
C.S. Yo como escultora siempre estuve alrededor del cuerpo humano, usando la figura humana. En un momento, empecé a investigar lo que era la anatomía. Mis esculturas tenían que ver con partes del cuerpo, el corazón, los huesos. La verdad es que el cuerpo humano me parece una máquina perfecta. Me interesa la biología, lo microscópico y la conexión entre lo macro del universo, aunque es todo lo mismo. En lo que tiene que ver con la escultura, hacía eso pero en gran formato. Todo era gigante. Cuando nos unimos con Machi, decidimos llevar esas esculturas que ya estaban hechas en gran formato a un tamaño de escala portable. Así es como empezamos con distintas colecciones, cuando nos empezó a ir un poco mejor y se entendió la propuesta que veníamos haciendo, después de los primeros años donde todo quedó medio frizado. Nunca seguimos la moda. No nos interesa la moda. Consideramos que hacemos accesorios que son piezas de arte con el formato de una joya. También se pueden transformar en un mueble o en una escultura. Trabajamos más por colecciones, por temáticas.

M.M.W. El cuerpo humano siempre estuvo muy presente en mi trabajo, desde los inicios. Al elegir trabajar en el rubro de la joyería estás absolutamente vinculado con el cuerpo. La idea es llevar las piezas, con mayor o menor comodidad, pero llevarlas. El manejo de la escala y de la forma ergonómica, cómoda, siempre estuvo muy cerca mío. Justamente ese no era mi gran desafío. Lo que más me interesaba era salir un poco de la escala tan chica y poder jugar con escalas más grandes, cosas que tal vez no tuvieran una resolución concreta. Creo que lo que más me divertía era romper con lo que venía haciendo y salirme de la escala háptica o humana. Fue un gran match, más allá de que el inicio de Cabinet Óseo tenía más que ver con juntar el mundo de cada una. Creo que con el devenir de los años, nuestro trabajo creció a una dimensión mucho más grande donde, más allá de estos extremos de escala, encontrábamos muchas cosas interesantes en el medio tanto en objetos de uso como instalaciones. Nuestro trabajo siempre tiene mucho contexto. Nunca es un fondo blanco estándar, de góndola.



Es un desafío, que cada una traiga consigo una escala distinta y conservar el lenguaje y el carácter propio. Me parece que hicieron un trabajo increíble. 
M.M.W. Nos salió bárbaro pero no hubo una gran planificación. Todo fue orgánico. No es que un día nos sentamos y dijimos “bueno, yo voy a hacer esto, vos vas a hacer esto…”

C.S. No. La planificación no está dentro de nuestro universo, la verdad.

M.M.W. No somos las mejores planificando.

C.S. Además, lo interesante fue esto de ir aprendiendo la técnica de la joyería, llevarla a gran escala, o al revés, cosas de escultura convertirlas en mecanismos pequeños. Esa ida y vuelta siempre nos llevó a que todo se potencie. Somos muy respetuosas con las ideas de la otra, un poco entusiastas por demás, incluso. Si una viene con una idea que es un divague, la otra nunca le va a decir “no, no, no, no, no”. Siempre es “bueno, dale. Vamos, probemos”. Y ahí nos embarcamos en cosas que a veces terminan siendo titánicas, megalómanas, ridículas, pero que después las llevamos a cabo porque somos medio temerarias. No nos achicamos con ideas que pueden estar fuera de presupuesto o de realidad. Cuando pensamos una producción enorme no contemplamos esa parte. Después, cuando la tenemos que llevar a cabo, nos empezamos a dar cuenta que nos zarpamos o que necesitamos muchas más manos o que el presupuesto se nos va. Pero se resuelve y, además, siempre nos auto gestionamos económicamente, no tenemos ni sponsors, ni esposo. Esposo sí, pero no esposos que ponen la plata y son la Fundación.

M.M.W.  También creo que hemos sabido armar un gran equipo porque nosotras solas no podríamos hacer ni el uno por ciento de lo que hacemos. Cada una tiene un asistente especial en su área y, también, trabajamos muy bien juntas. Como Celi decía, solemos emprender proyectos que superan nuestra capacidad y aún la de nuestro equipo. Así que también vamos y venimos armando equipos más grandes o temporales según los proyectos. Eso nos ha funcionado como dinámica de trabajo. No es todo entre nosotras, todo el tiempo, sino que hay un ida y vuelta con más gente, con el afuera. También creo que el hecho de hacer cosas tan diversas te lleva a experimentar un montón. Ahí es donde uno realmente va aprendiendo y conociendo otros oficios, otras técnicas, otras posibilidades que nutren a tu idea. Sin esa resolución, que a veces viene de un especialista de afuera, hay cosas que uno no podría hacer. Para Proyecto Kavanagh hicimos un servilletero, un tirador de puerta, una cuchara. Hay que animarse a hacer algo que uno no maneja y, otro poco, saber asesorarse de la gente que realmente sabe de eso.

C.S. De hecho, nos encanta aprender técnicas nuevas.Tomamos workshops, clases que nos dan un pie sobre el que nosotras arrancamos y empezamos a producir y a experimentar. Hay mucho laboratorio de experimentación. De hecho, es lo que más nos divierte. Estar haciendo cosas, taller, mucho taller, probar y jugar. Sobre todo mantener el espíritu del juego es lo que no hay que perder nunca.

M.M.W. Como para no aburrirse.

C.S. ¡Sobre todo nunca aburrirse!


De alguna manera nos anticipamos a la siguiente pregunta que hablaba sobre la materia, ¿qué papel cumplen los materiales y las técnicas artesanales en esa transformación?
C.S. Nosotras somos artesanales. Nos encanta la cantidad de horas que necesitamos en el taller para producir las cosas. También convocamos a otros oficios que, si no nos enseñan la técnica, se la pasamos a ellos. Pero con mucha ida y vuelta de trabajo. 


Me encantaría saber qué oficios van incluyendo en todo este camino, ¿cuáles les interesan o cuáles llegan?
M.M.W. Hablamos de hasta aquí y ahora porque lo que vendrá no sabemos…Trabajamos, por ejemplo, con algunos jóvenes que forman parte del equipo de joyería. Manejan una escala de orfebrería un poco más grande, con técnicas parecidas a las de la joyería, aunque a veces usan otras herramientas. Eso es una gran ayuda. Después, hay técnicas que usamos, para dar otro ejemplo, de odontología de donde tomamos la silicona para hacer moldes. No la usamos de la misma manera que los dentistas pero sí usamos el mismo material que ellos usan para hacer los moldes de la boca porque es una silicona que tiene una capacidad de copia muy fiel y de secado rápido. Esa fue una forma que nos permitió tomar moldes de un montón de objetos de la naturaleza. Si no teníamos ese recurso, era un poco más complicado. No digo que fuera imposible pero era más complicado. Trabajamos muchos materiales: hierro, soldadura, resina poliéster, cerámica…

C.S. Metales no ferrosos…

M.M.W. Bronce, alpaca, acero inoxidable. Ahora hicimos pañuelos de seda pintados.

C.S. Pero esos los hicimos nosotras.

M.M.W. Claro, los hicimos nosotras tomando clases pero con las temáticas de nuestro trabajo. Hemos incursionado muy poco en la impresión 3D y no obtuvimos el resultado deseado; así que eso quedó de costado. En cuanto a técnicas, no sé si alguna vez vamos a llegar a la parte digital. Nos gusta mucho lo artesanal. Nuestras búsquedas siempre tienen más que ver con las formas de plasmar las ideas antes que con las soluciones digitales.

C.S. Particularmente, en lo que tiene que ver con la escultura, yo empiezo con un dibujo para bajar la idea y enseguida tengo que pasar a la maqueta 3D. Por ejemplo, si va a ser en hierro, es alambre, pinza y empiezo a modelar porque me interesa y me gusta que, en vez de que se vea como algo que hice en la computadora, se note el gesto de la mano, el gesto de la pinza que se dobló un poquito para acá, otro poco para allá.

M.M.W. El gesto artesanal se ve en todo nuestro trabajo. Por más que las piezas siempre tengan buena calidad, funcionen bien y estén pulidas, buscamos que no pierdan el gesto de la mano. Creemos que es lo más importante que tenemos como seres humanos.




¿Cuando empiezan a trabajar en algún proyecto, o tienen una primera inspiración, hay una relación directa entre la elección del material?
C.S. A veces es el material el que nos lleva al desarrollo y otras veces es al revés. Hay materiales que ya manejamos con facilidad. Por ejemplo, cuando yo trabajo en hierro y estoy haciendo una escultura, el hierro me va llevando para un lado y yo lo sigo. Todas las obras son muy diferentes porque el material me lleva para el lado que quiere y yo me dejo llevar. La resina poliéster también. De repente, hay errores por hacer una pieza muy grande la cual se quiebra por el volumen y quedan unas cosas increíbles. Aprovecho ese “error” (para el que es más ortodoxo en la técnica ). Me parece que hay que seguir por ahí y lo dejo. 

M.M.W. Cuando uno tiene una idea, algunas veces es más claro cómo materializarla y en qué material. Otras veces es al revés, a veces el desafío viene de la materia. Por algún motivo, hace unos años a Celi se le vino una idea megalómana de hacer unas esculturas con latas de aluminio recicladas y me lo contó como quien dice de ir a comprar una cartulina. “Pero se hace con cuatro mil latas. Cuatro mil latas”. Yo dije a todo que sí, aunque para mis adentros pensé: “esto nunca lo vamos a lograr”. Obviamente, lo logramos con cuatrocientas manos que nos ayudaron. Ese caso es el que se me viene a la cabeza como más claro ejemplo de haber partido de un material para después realizar las piezas.

C.S. Nos pasa que manejamos mucho el capricho. Empezás a mirar algo con rayos X y decir: “Ah, esto podría servir, desarmar la lata…” o “qué bien, este material sirve. Tengo este módulo, ¿qué empiezo a hacer con el módulo?”. Esta cosa del juego de pruebo, pruebo, pruebo.

M.M.W. De ahí salieron unas esculturas divinas que se llaman Cochayuyos. Tienen hasta tres metros de altura. Algunas están inspiradas en la forma de esas algas y otras son líquenes, el ser vivo que completa la cadena de vida, el eslabón que termina de transformar lo que ya no vive en algo fértil para que la vida continúe. Ese trabajo fue increíble. Lo hicimos con una fundación de madres y padres solteros. Les enseñamos todo el oficio, la tarea de reciclar las latas. Obviamente, fue un proyecto que implicó juntar las cuatro mil latas. Algo mucho más grande de lo que se puede percibir cuando uno ve la obra. Ahí es cuando la historia tiene un valor enorme porque, si vos lo ves a simple vista, pensás que simplemente, es aluminio pintado, ¿no? No, tiene un montón de historia atrás. Ese realmente es el caso más emblemático que se me ocurre dónde empezamos por la materia. 




¿Creen que hay algún componente didáctico en el trabajo de ustedes, de contar algo a través de lo que hacen?
C.S. Son varias cosas. En este caso de los líquenes y los cochayuyos, por ejemplo, les enseñamos la técnica a este grupo. Solo se postularon mujeres, así que al final eran todas chicas. Alguna había trabajado en McDonalds pero ese era su primer trabajo manual. Me acuerdo que fue bastante emocionante ver cómo ellas se daban cuenta que con sus manos podían hacer cosas útiles, más que scrollear el teléfono. Empezaron a descubrir que tenían esa capacidad, ese poder y, de hecho de ahí, una de las chicas empezó a estudiar herrería.

M.M.W. Una de las chicas que tenía el padre herrero pero nunca se le había ocurrido que ella podía seguir ese camino. Fue a partir de esta labor que, de algún modo, le despertó la curiosidad. Como decía Celi, creo que el poder que te da la capacidad de hacer con tus manos es enorme. De esa obra seguimos teniendo material y la seguimos haciendo porque nos gusta y trae una historia muy interesante atrás. 

C.S. Nos interesa marcar dentro de la naturaleza aquello a lo que hay que estar atento a preservar. Estamos siempre mirando lo que al ojo humano a veces le pasa desapercibido o por tamaño o porque lo tenés en la vida cotidiana y no lo ves. Nos gusta resaltarlo. Incluso pensando en la extinción de ese objeto: captarlo y que te quede ahí, como testigo de lo que puede desaparecer en cualquier momento.




Por momentos, hay una arqueología en el trabajo de ustedes, y después hay un momento de inmortalizar aquel conocimiento. Con el tiempo incorporaron formas vegetales, materiales y animales. ¿Cómo amplió esto el universo inicial de Cabinet Óseo?
C.S. Primero trabajamos con la anatomía estrictamente humana. Cada una, por su lado, se la pasó coleccionando objetos que encontraba en la naturaleza. La expansión empezó cuando aprendimos una técnica de electrólisis y decidimos que todos estos objetos que son orgánicos y se van a desintegrar en cualquier momento, los vamos a inmortalizar haciéndole esta capa de cobre. Entonces empezamos tomando todo lo que había (que estaba casi desintegrado), un montón de objetos, placares, cajas y cajas llenas de cosas. Ahí se amplió a los reinos de la naturaleza, que además son lo mismo porque, al fin y al cabo, todos son tejidos.

M.M.W. Solo al principio, estuvimos más enfocadas en el cuerpo humano. Una vez que atravesamos las colecciones, con las partes fundamentales (los huesos, la piel, las muelas de juicio, las células madre y el corazón), todo el tema de los reinos vivos decantó naturalmente. 

C.S. Aparecían cosas. De repente, aparecieron las alas de la libélula, que no nos encajaban en la cosa más estricta de la anatomía humana. Las teníamos pendientes, al costado, hasta que de repente dijimos: “Dale, ahora armamos y la extendemos”. Mirándolo desde lo microscópico, todos los tejidos se empiezan a empatar, no sabés si es el tejido de un hueso, de un ala o de un ser humano. Además, dentro de los reinos vivos de la naturaleza, los humanos somos animales. Entonces, ahí entraron las divisiones y el cuerpo humano entró directo. 


¿Qué formas nuevas les gustaría explorar ahora? 
C.S. Este proyecto fue nuestro primer trabajo más geométrico, nos pareció un desafío interesante porque salimos de lo orgánico para pensar en lo arquitectónico. Empezamos a mirar el edificio desde todos los ángulos posibles y terminamos haciendo una de las partes, la planta de la torre más alta. 

M.M.W. En el recorrido que hicimos, también fue muy lindo poder rescatar algunos gestos que la arquitectura había dejado en este edificio tan emblemático. Para el famoso pellizco, por ejemplo, del que nos quedamos enamoradísimas, se nos ocurrió trasladarlo a una pieza y armar un servilletero. Fue un desafío muy grande porque es una pieza geométrica que parte de un plano y, para lograrla, nos costó mucho que la dimensión funcionara, que la proporción fuera linda. Es muy diferente verlo en un espacio enorme como es el hall de este edificio a llevarlo a un objeto donde es un recorte. Para el tirador de la puerta, nos inspiramos en la planta del edificio, como contaba Celi. Después, hicimos el mango de una cuchara, que también tiene que ver con la vista a la plaza, obviamente simplificada. 
Se nos hacían muy interesantes los encuentros de los ángulos, el juego de las texturas con las ventanas… Es una arquitectura muy rica. Era fácil, ¡si nos daban más tiempo, hacíamos más cosas! Fue la primera vez que trabajamos con algo fuera de los reinos vivos. Un edificio: algo muy concreto y fuera de nuestro universo más conocido. 





PROYECTO KAVANAGH

11/08/2026       
13:30 HRS 


Crédito de fotos:
Emma Livingston
CELINA SAUBIDET

Celina Saubidet se especializó en Escultura en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y realizó talleres de pintura y escultura con Carlos Scaglione, Ernesto Levin, Juan Doffo y Juan Carlos Distefano, entre otros maestros que contribuyeron en su formación inicial. Hija de médico, Saubidet se interesó por la anatomía humana y el instrumental quirúrgico, que luego se plasmó en el diseño en Cabinet Óseo. Participó en distintas clínicas de arte, puesta en escena y escritura de obra con referentes como Fabiana Barreda, Rubén Szuchmacher, Tulio de Sagastizábal y Silvia Gurfein. Este bagaje creativo impulsó su propia búsqueda y se tradujo en objetos, esculturas portables y piezas de distintas escalas. Su exploración artística la llevó a protagonizar instalaciones de Cabinet Óseo en el Museo MALBA, el Museo Nacional de Arte Decorativo y la Casa Victoria Ocampo, donde funciona el Fondo Nacional de las Artes. Además, participó en muestras en el Centro Cultural Recoleta, Casa FOA, ArteBA y Chandon Art Ground, entre otras.


MARINA MOLINELLI WELLS

Marina Molinelli Wells es diseñadora Industrial graduada en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA), fue docente de diseño. Ejerció la docencia en su taller, dictando clases de joyería y poniendo en valor la importancia del oficio. Entre los cursos y talleres que contribuyeron a su formación se destacan los de técnicas aerografía, efectos especiales, fundición, vidrio, esmalte y modelado entre otros. Aprendió el oficio de la Joyeria en el Taller La Nave de Jorge Castañón. Tuvo un espacio en Palermo dedicado a la venta y exhibición de Joyeria contemporánea junto a Francisca Kweitel: Metalistería. Molinelli Wells es hija de un médico cirujano. El legado como impronta fue el punto de partida para la conformación de Cabinet Óseo: el estudio de joyería, accesorios y piezas de interiorismo sumaron al proyecto que fundó junto a Celina Saubidet en 2004.